Salud

¿Qué pasa en el cuerpo cuando cesa la actividad sexual?

El cuerpo, así como también la mente, no necesita lo que no conoce, y esto aplica para muchos aspectos de la vida, entre ellos el de la intimidad entre pareja. Cuando las personas no han comenzado su actividad sexual, todo suele marchar en normalidad; pero cuando ya alguien lleva una vida íntima activa y de pronto deja de tenerla, aparecen algunas «secuelas».

Cuando esto ocurre, el cuerpo comienza a sentir la ausencia de la producción de hormonas que se derivan de las relaciones íntimas; las cuales llenan el cerebro de oxitocina, dopamina y serotonina y estas causan el placer que buscan tanto hombres como mujeres.

“Una sexualidad satisfactoria supone un beneficio para la salud, por lo tanto es muy importante que los profesionales de la salud promovamos la sexualidad de nuestros pacientes en cualquier etapa de su vida”; explica la ginecóloga Stefanie Redón Fitzl, citada por La Vanguardia. 

Estudios han demostrado que el nivel de estrés puede subir cuando las personas experimentan un cese en su actividad sexual, ya sea por una ruptura amorosa, por factores o socioeconómicos o cual sea la razón. Pero la cuestión no se puede tomar como que se trata de algo únicamente emocional, pues es bien sabido que las emociones pueden generan complicaciones de salud; en este caso hablamos del aumento en la presión sanguínea y del cortisol.

Lo que dice la ciencia sobre el cese de la actividad sexual

Un estudio denominado Frecuencia sexual e inmunoglobulina A salival, publicado por una importante revista de investigación; analizó los niveles de inmunoglobulina de las personas con un vida íntima activa y otros que no, a fin de determinar la variación que se produce.

El resultado conseguido es que «los individuos del grupo frecuente mostraron niveles significativamente más altos de IgA que los otros tres grupos, que eran comparables»; teniendo en cuenta que según la ficha técnica «112 estudiantes universitarios informaron la frecuencia de sus encuentros sexuales y se dividieron en cuatro categorías; ninguno, infrecuente (menos de una vez por semana), frecuente (una o dos veces por semana) y muy frecuente (tres o más veces por semana)».

Asimismo, un grupo de expertos elaboró otra investigación titulada ‘La experiencia sexual restaura el declive relacionado con la edad en la neurogénesis adulta y la función del hipocampo’; y en ella se concluye que «la experiencia sexual aumentó el número de neuronas recién generadas; en la circunvolución dentada con exposiciones únicas y repetidas en ratas de mediana edad. Después de la exposición continua a largo plazo de la experiencia sexual; la función cognitiva mejoró. Pero cuando se produjo un periodo de abstinencia prolongado, las mejoras en la función cognitiva se perdieron a pesar de la presencia de nuevas neuronas”.

La fuente señala que «estos resultados sugieren que la experiencia sexual repetida puede estimular la neurogénesis adulta; y restaurar la función cognitiva en la rata de mediana edad siempre que la experiencia persista durante el período de prueba. Se desconoce hasta qué punto los cambios en la neurogénesis adulta subyacen a los de la cognición».

Ahora bien, no significa que para evitar sufrir las situaciones antes mencionadas, vas a tratar de retomar la actividad sexual a como dé lugar; pues es necesario que tengas en cuenta los riesgos de ETS que hay durante una vida en promiscuidad; y además la posibilidad que hay de contraer un embarazo no deseado.